Mil años de camino

Peregrinos de las más diversas procedencias recorren el Camino de Santiago desde hace más de mil años.


El descubrimiento de la tumba del Apóstol Santiago se fecha alrededor del año 813 en un apartado lugar del antiguo reino de Asturias. Pronto la noticia del hallazgo de los restos de Santiago se difundió mucho más allá de las fronteras de este reino. Desde el siglo IX, peregrinos de toda Europa se dirigieron a Santiago de Compostela para rendir culto a las reliquias del Apóstol.

Desde esos tiempos remotos, el Camino de Santiago ha atraído a miles y miles de peregrinos de la más diversa procedencia. Compartieron andanzas gente del común en su mayoría, con reyes y nobles, eclesiásticos, caballeros, santos, penitentes, mercaderes, juglares, aventureros y pícaros. Esta vía de comunicación no solo ha promovido el intercambio de gentes, de bienes comerciales y de saber. También ha impulsado una expresión artística, un lenguaje simbólico, una literatura y un pensamiento que son propios de la peregrinación. No en vano los especialistas se atreven a afirmar que Europa -la conciencia europea- se forjó en las vías de peregrinación.

De las tres peregrinaciones mayores del mundo cristiano –Santiago, Roma y Jerusalén–, la peregrinación jacobea conoció probablemente el mayor esplendor. En parte, esto se debió a la relativa estabilidad política, la protección al peregrino y la construcción de calzadas, puentes y hospitales de peregrinos que suscitaron los monarcas a lo largo de la historia. Durante la Edad Media, el Camino de Santiago alcanzó su apogeo: el arte románico y gótico se difundieron a través de esta vía desde el norte de Europa.

Actualmente nos quedan innumerables muestras de arte de aquellos tiempos. Recorrer el Camino de Santiago hoy en día constituye una oportunidad única de acercarse a las mejores muestras de arte románico y gótico.

Desde el Renacimiento, el Camino de Santiago conoció una época de cierto declive y ya en el siglo XIX el gran flujo de peregrinos de siglos anteriores se redujo a una mínima expresión. Sin embargo, el fenómeno jacobeo nunca llegó a extinguirse.

Nos han llegado narraciones de peregrinos desde los inicios del siglo XX y hasta los años 80 que describen un Camino bien distinto al que hoy conocemos. Estos peregrinos, tan cercanos en el tiempo, vivieron los más diversos avatares debido a la falta de señalización en el Camino y a una hospitalidad muy rudimentaria.

En 1987 el Camino de Santiago fue declarado “Primer Itinerario Cultural” por la Unión Europea, y algunos años después “Patrimonio de la Humanidad” por la Unesco.

El Año Santo Compostelano de 1993 ha marcado un impulso decisivo en la renovación del Camino de Santiago. Desde ese año, asistimos a un inexorable auge de la peregrinación jacobea. Año tras año, el Camino de Santiago atrae a un número creciente de peregrinos de las más diversas nacionalidades.

La peregrinación a Santiago de Compostela ha dejado de ser un fenómeno europeo. Peregrinos de Asia, Oceanía y sobretodo, América, están siguiendo las huellas de esta antigua vía de peregrinaje. La motivación para recorrer el Camino de Santiago es muy diversa. A algunos les mueve el esfuerzo físico, la naturaleza, el arte, ingredientes todos ellos esenciales del Camino. Otros se ponen en camino por vivir una experiencia diferente, por compartir esta vivencia con más compañeros del Camino, por rencontrarse consigo mismo, o por el valor espiritual de la peregrinación.

La mayoría de estos peregrinos recorre el Camino de Santiago a pie. Desde la frontera con Francia hasta Compostela, tardan alrededor de un mes. Durante todo el recorrido, cargan con su propia mochila, en la que llevan todo lo necesario para un mes de Camino y, paso a paso, etapa a etapa, cruzan todo el norte de España por la ruta milenaria.

La peregrinación llama a la trascendencia, a la experiencia interior, sin la cual el Camino de Santiago se reduciría a una mera aventura. Más allá del recorrido físico por nuestra geografía, el Camino de Santiago es una experiencia interior emocionante y espiritual.

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